BIRMANIA.- A pesar de las montañas inclinadas, la oposición, y una
nueva ley que estipula que sólo el gobierno puede aprobar todas las
conversiones religiosas, un líder de la pastoral indígena en Birmania
(Myanmar) dice que el Espíritu Santo no se ha detenido.
“Dios se está moviendo rápido en nuestro país, más que nunca, entre
los birmanos y los animistas Karen”, dijo el líder, cuyo nombre se omite
por razones de seguridad.
“Nuestros trabajadores están dando capacitación a los nuevos
cristianos sobre cómo compartir el Evangelio entre su propio pueblo y
sobre cuán cerca está su regreso (el de Jesús)”.
El gobierno da un estatus especial al budismo, ampliamente practicado
entre la mayoría birmana, y el líder del ministerio dijo que estaba
sorprendido por las incursiones del Evangelio entre los birmanos en los
últimos dos años. Los grupos minoritarios, como los Karen también están
adoptando cada vez más a Cristo, y el ministerio ha visto éxito en
alcanzar a los Kayan, especialmente al subconjunto Padaung, y otros
grupos primitivos.
El alcance a los Kayan comenzó en el estado oriental de Shan en 2014.
El viaje es “muy duro, hay que subir y bajar el terreno”, dijo el líder
del ministerio en la zona.
“Dicen que si llegan a ser cristianos, provocaran al espíritu
ancestral de sus padres y cosas desafortunadas les sucederá a ellos,
pero poco a poco son capaces de aprender que Dios, es el Dios más
poderoso y Él los protegerá”, dijo el líder del ministerio.
“Las oraciones son un testimonio vivo para ellos, y 16 adultos han recibido al Señor y fueron bautizados”.
Aunque el arrepentimiento es personal, tienden a tener controles
burocráticos, el presidente Thein Sein el 26 de agosto 2015, firmó la
Ley de conversión religiosa, que tiene por objeto restringir las
decisiones religiosas.
Requiere aquellos que deseen cambiar las creencias que se sometan a
una entrevista y participen en estudios religiosos de hasta 90 días
antes de que puedan obtener la aprobación para la conversión en las
tablas de registro establecidos en los municipios.
El castigo por convertirse ilegalmente sería “intención de insulto,
falta de respeto, destruir o abusar de la religión” por lo cual sería
penalizado con hasta dos años de cárcel, de acuerdo con la Comisión
sobre Libertad Religiosa Internacional, quien teme que esta disposición
daría motivos a los miembros abandonar las religiones y evitar cargos
criminales vengativos contra los que han abandonado el budismo.
La nueva ley añade más obstáculos para el avance del mensaje de
Cristo en los pueblos donde los misioneros indígenas ya enfrentan
amenazas, privación y violencia por parte de los monjes budistas,
seguidores de creencias animistas nativas y funcionarios locales.
Fuente: Noticias Cristianas

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