(Juan 8:34) Jesus les respondió: De cierto, de cierto, os digo, que todo
aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
De la misma forma en que faraón impuso sobre los hebreos el excesivo trabajo,
para así poder impedirles obedecer a Dios, satanas es el que nos esclaviza en
el pecado para así poder impedirnos tomar la decisión de entregar nuestras
almas a Cristo. Satanas se resiste a soltarnos de sus garras y nos pone
cualquier inconveniente para que no podamos hacer
la voluntad de Dios.
Los verdaderos esclavos no saben que son esclavos porque las tinieblas los
ciegan. Todo el que no puede dejar las drogas, el tabaco, el alcohol, es
esclavo del pecado y de Satanás. La verdad sobre Dios revelada por su Hijo
Jesucristo es lo único que nos puede liberar de la esclavitud del pecado.
Cuando un cristiano se aleja de Dios queda desamparado y por lo tanto se
convierte en presa fácil del enemigo que anda como león rugiente buscando a
quien devorar.
No nos acerquemos al pecado para no convertirnos en su esclavo, pero si por
alguna razón hemos caído, a través del arrepentimiento verdadero nos podemos
acercar otra vez a Dios y el nos libera. Solo a través de Jesucristo podemos
romper toda cadena de esclavitud con el pecado.
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