Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “¡Israel, éstos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!” Éxodo 32: 8 Le pedimos a Dios que se manifieste, que hable, que se haga sentir, y cuando lo hace no Le creemos. Por más milagros y manifestaciones del Reino que suceden, nuestro corazón está lleno de incredulidad, y pensamos que es imposible. Nuestra naturaleza es muy escéptica. Por eso la autoridad de Dios en la tierra no se ha manifestado más, por lo que está obrando en nosotros. Si todos viéramos en el espíritu el poder que se manifiesta cuando Le creemos, el enemigo no tendría autoridad sobre nosotros.