EE.UU.- La práctica de obtener visitas a las iglesias es
relativamente común en los círculos evangélicos en diversas partes del
mundo. Sus adeptos no tienen mucho tiempo para frecuentar la iglesia, o
involucrarse con la iglesia local. En general, los que hacen esto son
las personas que buscan continuamente una cierta experiencia espiritual
que apele a sus emociones.
Jeanie Miley es una estudiosa del tema que investiga por lo cual ha escrito al respecto.
Esposa de un pastor de la Iglesia Bautista de River Oaks, en Texas,
ella tiene una experiencia personal, después de haber conocido muchos de
los que hacen esto. Para ella, este comportamiento podría compararse a
los adictos. Estas personas buscan constantemente un “sentir” de la
presencia de Dios en sus vidas.
La experta afirma que estos cristianos, confunde a la iglesia con una
“emoción espiritual” que debe ser perseguida continuamente. “Nuestra
cultura parece estar atraída por aquello que nos causa escalofríos o nos
ayudarnos a salir de la rutina”, dijo. “Esto, en cierto modo, nos
libera de las sensaciones como el vacío, el dolor o el aburrimiento”.
Esto puede ocurrir cuando escuchan sermones “emocionantes” de
pastores o participan en un período de adoración particularmente
agitado.
Otros quieren oír preferentemente sobre un tema,
como el fin de los tiempos. Hay aquellos que simplemente quieren “sentir
el fuego”.
Los cristianos que se esfuerzan continuamente por estar en un local
donde quieren vivir ese “momento espiritual arrebatador” necesitan
ayuda, defiende Miley. “Si la religión viene a ser experimentada como
una adicción, puede dejar a la gente fuera de sí misma”, afirma.
La pastora y escritora Lucy Worley también estudia esta cuestión.
Informa que incluso vivió una etapa de su vida en la búsqueda de este
tipo de “experiencias espirituales intensas”. Ella suspira: “Durante
mucho tiempo pensé que algo estaba mal conmigo. Al final, yo no sentía
más aquello que experimenté cuando me convertí al Señor”.
En un artículo reciente de la revista Relevant,
Worley dijo que “aquel sentimiento del corazón ‘en llamas’ que tenía
cuando era un nuevo convertido, era imposible que se repitiera”.
Ella temía que la ausencia de estos sentimientos de alguna manera
“invalidaran” su fe. “Tuve algunas experiencias muy intensas después de
mi nuevo nacimiento, y empecé a asociar estas intensas emociones en una
relación sana con Dios”.
La pastora hace una analogía, comparando la sensación de una
escalada. “Me gustaba quedarme en lo alto de la montaña, no quería
perder eso”. Con el tiempo, ella dijo que aprendió que al no tener más
esas sensaciones intensas podría tener experiencias más enriquecedoras
que sirvieran para fortalecer su fe. Para ella, esta es una señal de la
madurez cristiana.
Fuente: Noticia Cristiana

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