TAILANDIA, BANGKOK.- Un refugiado de Pakistán de 21 años, llamado
Arbab que fue detenido en el Centro de Detención de Inmigración (IDC,
por sus siglas en inglés) durante más de seis meses sin esperanza de
libertad comparte la palabra de Dios junto a sus compañeros.
La mitad de los detenidos son paquistaníes y solicitantes de asilo
que huyen de la persecución religiosa. Los otros eran inmigrantes
procedentes de Europa del Este, Sudeste de Asia y África.
La mayoría eran hombres, pero hay un grupo de mujeres con bebés.
A pesar de su entorno sombrío, muchos de los cristianos en IDC
profesan una renovada conciencia de la presencia y la provisión de Dios
detrás de las paredes de la prisión.
Arbab y su familia huyeron de Pakistán después que su padre, un
abogado, defendió a los cristianos contra los musulmanes y empezó a
recibir amenazas de muerte de grupos islámicos. Él dice que la vida en
IDC es “muy difícil”. Pero las visitas de las iglesias quienes le llevan
alimentos tienen un gran significado: “Estas visitas significan mucho
para nosotros”, dijo. “Ellos me hacen muy feliz. Gracias”.
Lo que preocupa a Arbab más, es no tener contacto con su familia, que
todavía están en algún lugar en Bangkok, escondiéndose de los
funcionarios de inmigración.
Él comparte su celda con muchos refugiados
cristianos. Se reúnen dos veces al día para orar por la libertad, la
comodidad y la paz.
Otro es Peter quien dijo que su vida cambió durante sus 45 días en
IDC. Sus compañeros de celda incluyen a dos pastores, por lo que
hicieron “una pequeña iglesia” donde oran y adoran junto con otros
compañeros de celda cristianas. En ese tipo de situación desesperada,
cada respuesta pequeña a sus oraciones, ofrece garantía de que Dios está
con ellos.
Funyas Masih también experimentó la bondad de Dios cuando fue
detenido en el IDC junto a sus dos hijos por siete días porque no podían
pagar la multa de 556 dólares por sus visas. Aprovecharon el tiempo y
compartieron el evangelio. Pues en la celda había dos hombres con
trastornos mentales a quienes otros rechazaban debido a su
comportamiento. Pero Masih y sus hijos decidieron mostrarles amor, les
hablaron amablemente a los hombres y oraron por ellos. Los dos hombres
dijeron que se sentían mejor cada vez que oraban por ellos. Dentro de
cuatro días en IDC, Masih dijo que él bautizó a cuatro compañeros de
celda: dos musulmanes, uno hindú y un sikh.
“Ustedes son diferente de alguna manera, el ambiente pasó de la
tristeza y desesperación a acción de gracias y esperanza”, manifestaron
los presos de la IDC.
Masih y sus hijos fueron liberados de IDC, la mayoría de sus
compañeros de celda lloró al verlos partir. La vida en IDC fue terrible,
pero Masih y sus hijos no podían evitar sentirse tristes al dejarlos.
“¡Si Dios nos dio más tiempo en IDC, tal vez más personas se habrían
convertido!”, dijo Masih.
Fuente: Noticia Cristiana

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