1 Corintios 12.12-25
Los creyentes tenemos dos responsabilidades: amar a Dios, y amar al
prójimo (Mt 22.37-40). Y una manera de hacerlo es sirviendo. Dónde
servir y cómo hacerlo dependerá de nuestros talentos, capacidades, y del
llamado especial. Pero el lugar donde se espera que todos demos de
nosotros es la iglesia local.
Cuando usted acepto a Cristo, el Señor le bautizó por medio del
Espíritu Santo y le hizo miembro de su iglesia —el cuerpo de creyentes
en todo el mundo, que está unido por la fe en Jesucristo. Usted decidió,
entonces, de acuerdo con la voluntad de Dios, ser parte de un grupo
local y autónomo de creyentes. Él le puso allí porque sabía que usted lo
necesitaba (1 Co 12.18). Usted es importante para su iglesia local.
La iglesia es más que una comunidad. Es un cuerpo interdependiente
con miembros que fueron creados por Dios para funcionar en comunión unos
con otros. Nosotros, los cristianos, al igual que el mundo en general,
somos un grupo diverso, lo cual significa que tenemos que esforzarnos en
pro de la unidad. Sin embargo, nuestras diferencias son realmente algo
para celebrar, porque cada persona contribuye de manera especial al
propósito de Dios. Una iglesia que funciona en unidad —con todos sus
dones, talentos, personalidades y capacidades enfocados hacia los
objetivos del reino de Dios— debe ser una imagen hermosa a los ojos del
Señor.
El cristianismo no es una religión de espectadores. El cuerpo de
Cristo funciona mejor y más hermosamente cuando todos los miembros
deciden servir a Dios y servirse unos a los otros según sus capacidades
(v. 25). ¿Qué está usted haciendo en pro de su iglesia?
Fuente: En Contacto

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