Juan 15.9-17
Para algunos cristianos el Señor Jesús es Salvador, Señor y Maestro,
pero pocas veces Amigo. Podemos tener dificultad para entender el
concepto, pero para Él no. Una vez que seamos capaces de entender qué
clase de compañero es, nos daremos cuenta de que una vida verdaderamente
gozosa solo es posible al tener su amistad.
Él nos acepta. Su aceptación incondicional significa
que podemos acercarnos al Señor, incluso con toda nuestra sucia carga
de pecado. Su intención no es dejarnos en nuestro estado presente.
Él nos acompaña en nuestras pruebas. La promesa de
Dios de que nunca nos dejará ni desamparará se repite a lo largo de toda
la Biblia (Dt 31.6; He 13.5). Esa promesa es real para cada creyente,
gracias a la compañía del Espíritu Santo, quien actúa como nuestro
Consolador y amigo fiel durante los momentos dolorosos.
Él nos responde. El Señor no tiene necesidad de
dormir, comer o irse de vacaciones. A diferencia de los humanos, nunca
está demasiado ocupado para suplir nuestras necesidades o dar respuesta a
nuestras oraciones.
Él nos escucha. Podemos hablarle de nuestras dudas,
tristezas y alegrías, pues desea que acudamos a Él. Todo lo que le
digamos —incluso con gritos y lágrimas— será recibido con la garantía de
que Él nos ama, tiene un plan para nosotros y nos auxiliará cuando sea
necesario. El Señor hace más que simplemente escuchar: habla por medio
de la Biblia. En la Palabra de Dios, encontraremos su respuesta a cada
circunstancia que enfrentemos.
Como dice el antiguo himno: “¡Oh qué amigo nos es Cristo!”
Fuente: En Contacto

Comentarios
Publicar un comentario