Génesis 3.1-7
Vivir en este mundo caído puede poner a prueba nuestra fe en la
bondad de Dios. El dolor y el sufrimiento (fruto del pecado de Adán y
Eva) pueden nublar nuestra comprensión del Señor, y tentarnos a culparlo
de todas las dificultades. Entonces nos preguntamos por qué no siempre
alivia el sufrimiento, arregla nuestros problemas y nos da lo que
necesitamos.
Cuando Eva prestó atención a las mentiras de la serpiente, empezó a
dudar de que el Señor hubiera tomado la decisión correcta al prohibirle
comer del árbol del conocimiento del bien y el mal. ¿Por qué quiso
privarla de sabiduría y del disfrute de una comida que se veía tan
deseable?
Nuestros pensamientos son parecidos a los de Eva cuando no estamos de
acuerdo con nuestro Padre sobre lo que es mejor para nosotros. Desde
una perspectiva humana, “bueno” se refiere a lo que es agradable,
placentero, grato o provechoso. Pero Dios tiene un estándar mucho más
alto y siempre está activo para lograr su propósito: desarrollar en sus
hijos un carácter parecido al de Cristo.
Detrás de cada restricción o mandamiento del Señor está su tierno
amor para con quienes le obedecen. Él conoce las atormentadoras
consecuencias del pecado, y quiere apartarnos de decisiones que
arruinarán nuestra vida. Al rechazar su voluntad, elegimos el dolor y
los problemas.
Eva aprendió por su desobediencia que Dios sabe qué es lo mejor.
Tenemos la oportunidad cada día de descubrir su bondad al escuchar su
voz, obedecer sus mandamientos y confiar en su sabiduría. Venga lo que
venga, podemos saber que Él está actuando para nuestro bien temporal y
eterno.
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