BRASIL.-América Latina está viviendo un proceso de
“pentecostalización del cristianismo” que se refleja en el auge de esta
confesión, muy popular en Brasil y en Centroamérica, explicó a Notimex
Andrew Chesnut, autor de varios libros y uno de los mayores expertos en
el impacto social de esta tendencia.
“El gran motor del pentecostalismo es la cura divina. Para los pobres
se trata sobre todo de curas de salud, pero para las clases altas,
donde el pentecostalismo ya tiene una notable presencia, a diferencia de
años atrás, son curas de traumas pasados”, explica Chesnut, autor de
varias obras de referencia sobre el auge del pentecostalismo.
El pentecostalismo o movimiento pentecostal corresponde al conjunto
de iglesias y organizaciones cristianas protestantes que recalcan la
doctrina del bautismo en el Espíritu Santo. Los evangélicos, pero sobre
todo la rama pentecostal de la confesión, crecieron rápidamente desde la
década de 1980 en América Latina, pero sobre todo en Brasil, donde
datos del censo de 2010 señalan que más de 42 millones de personas –en
torno al 22 por ciento de la población- son de confesión evangélica.
Datos oficiales parciales indican que al menos 14 millones serían pentecostales.
“Para los pentecostales los milagros son lo
cotidiano. Para mucha gente en las favelas o en barrios pobres un
milagro puede ser encontrar un trabajo cuando no tienen nada que comer.
Ese es el motor de crecimiento de las iglesias pentecostales”, señala
Chesnut, profesor de asuntos religiosos en la Universidad de
Commonwealth Virginia, en Estados Unidos, y estudioso desde hace dos
décadas del pentecostalismo en América Latina.
Chesnut, quien también estudió el fenómeno mexicano de la Santa
Muerte y acaba de publicar un libro en inglés sobre el tema (Devoted to
Death: Santa Muerte, the Skeleton Saint), opina que pese a tener su
origen en Estados Unidos, “Brasil es el mayor país pentecostal del mundo
y un exportador mundial de religión”.
Esta confesión llegó a Brasil por medio de misioneros suecos formados
en Estados Unidos que emigraron al Amazonas para evangelizar a
principios del siglo XIX, pero desde entonces aparecieron varias
iglesias locales brasileñas –como la Iglesia Universal del Reino de Dios
o Iglesia Pare de Sufrir que tienen millones de fieles en todo el
planeta.
Los evangélicos, entre los que se cuentan fieles de otras ramas no
pentecostales, lograron una gran influencia en Brasil, sobre todo por su
presencia en los medios de comunicación y en el mundo político, con una
representación notable en el Congreso y el Senado brasileños. Al menos
75 diputados del Congreso – de un total de 513 – forman parte de alguna
de las diversas iglesias evangélicas existentes en Brasil, pero el
exponente más claro del poder político que han logrado en el país es el
presidente de la Cámara Baja, Eduardo Cunha, número tres en la escala de
poder y confeso miembro de la evangélica Asamblea de Dios desde hace
una década.
La prohibición del aborto, el rechazo a los matrimonios entre
homosexuales, la rebaja de la edad penal a 16 años y la despenalización
de la portación de armas son algunas de las cuestiones políticas en la
agenda de los evangélicos, considerados como el ala más conservadora del
poder legislativo brasileño. Aunque el país suramericano sigue siendo
la nación católica más numerosa del mundo, con 123 millones de fieles,
la progresión de los evangélicos ha sido extraordinaria en los últimos
años y suscitó preocupación en los estamentos de la Iglesia católica.
Fuente: Noticias Cristianas

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