2 Corintios 8.1-7
Dar es una cualidad que se aprende, no es innata en nosotros. Observe
lo que hacen los niños: se pelean por el pedazo más grande de pastel y
por los juguetes. Como adultos, también luchamos cuando se trata de
nuestras finanzas. Exigimos tener nuestra “parte justa” y guardar lo que
es nuestro. Las decisiones que tomamos en relación con nuestro dinero
—la cantidad que conservaremos y lo que daremos— con frecuencia revelan
dónde ponemos nuestra confianza.
Dios llama a los creyentes a ser generosos. Nos dice que encontremos
la seguridad en nuestra relación con Él, no en nuestro patrimonio. ¿Por
qué razón? Porque la mayoría de nosotros sentimos que no tenemos
suficiente, no importa lo mucho que tengamos. Asimismo, cuando nos
enfocamos en el dinero, abrimos la puerta a la incertidumbre y ansiedad.
¿Qué pasa si perdemos nuestro trabajo, si no recibimos el ascenso, o si
nos enfermamos por un tiempo prolongado? Cuando nuestras finanzas
sufren, nuestra sensación de seguridad disminuye.
Pero si nuestra seguridad permanece en la relación que tenemos con
Dios por medio de Cristo, estaremos agradecidos por lo que tenemos, y le
confiaremos nuestro futuro. Mantendremos las finanzas en su perspectiva
adecuada, pues nos han sido dadas por Dios para ser utilizadas en sus
propósitos, no los nuestros.
Uno de los propósitos de Dios es que apoyemos la iglesia local. ¿Qué
tan generosamente da usted a su congregación? ¿Busca más oportunidades
para dar? ¿Tiene una actitud positiva cuando escucha peticiones de
dinero? Permita que su modo de dar revele que ha puesto su seguridad en
Dios.

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