Juan 14.16-17 “Y yo rogaré al Padre, y
os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el
Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no
le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y
estará en vosotros.
Uno de los sentimientos más dolorosos es la soledad. Por
supuesto, hay momentos en la vida cuando la soledad es inevitable. Pero, puesto
que Dios ha enviado a su Espíritu para morar en nosotros, nunca estamos
realmente solos. Él está con nosotros y es accesible cada segundo de cada día. Jesús
se refirió al Espíritu Santo como nuestro Consolador o “Ayudador”.
Pensemos en las maneras que el Espíritu Santo
nos ayuda en la vida de oración. 1. Nos pone la carga de orar.
¿Alguna vez sintió una fuerte sensación de que necesitaba pasar tiempo con el
Señor? Quizás no estaba seguro de por qué razón. Era el Espíritu tocándole. Él
tiene muchas razones para hacerlo; por ejemplo, porque sabe que usted
necesitará fuerzas para enfrentar una crisis inminente. O a veces nos
anima a confesar un pecado para que nuestra comunión con el Padre no se vea
obstaculizada.
2. El Espíritu de Dios intercede
por nosotros. Hay veces que no sabemos cómo orar, cuando la tristeza
o impotencia nos abruman hasta el punto de que las palabras no nos salen.
Lo único que podemos hacer es llorar. Si embargo, el Espíritu suplicará en
representación nuestra, porque Él comprende la profundidad de nuestros
pensamientos, sentimientos y necesidades, y los traduce en súplica efectiva
de acuerdo con la voluntad del Padre.
Nuestro Salvador le ama profundamente, lo suficiente como
para morir en su lugar y enviar a un Ayudador para morar en usted. ¡Qué
privilegio tan grande! ¿Reconoce usted su poder y su amor a lo largo del día? Él
anhela consolarle, darle fuerzas y guiarle en todo momento.
(De Encontacto.org)

Comentarios
Publicar un comentario