Cuando hace un año el autollamado Estado Islámico (EI) tomó control de
gran parte del norte de Irak, los miembros de la minoría religiosa de
los yazidíes huyeron de la región. Muchas mujeres y niñas fueron
esclavizadas.
Pero cientos de ellas ahora han sido liberadas gracias a una red de
contrabandistas dirigidas por un empresario iraquí, como constató una
investigación de Nafiseh Kohnavard del servicio persa de la BBC.
En la frontera turco-iraquí, cuando los guardias se preparan para
cerrar las puertas en la noche, una familia yazidí espera silenciosa en
el lado iraquí mientras varios pasajeros se apresuran a tomar los
últimos autobuses que se dirigen a Turquía.
De pronto, una mujer y sus cuatro niñas aparecen en el lado turco. La
familia corre a saludarlas y todo el grupo comienza a llorar.
Se abrazan y se miran sin poder creer que finalmente se han vuelto a reunir.
Khatoon, de 35 años, y sus hijas, de entre 4 y 10, fueron capturadas
por los militantes de EI que irrumpieron en su pueblo en la región de
Sinjar en Irak en agosto de 2014.
Fueron llevadas a Raqqa, la capital de facto del califato que EI había declarado dos meses antes.
Khatoon se ve exhausta y casi no puede mantenerse de pie.
“Fue horrible”, dice. “No nos daban suficiente comida o agua, ni nos dejaban lavarnos. A veces nos pegaban”.
Escape
Khatoon y sus niñas deben su libertad a un empresario iraquí llamado
Abdulá, que solía comprar productos agrículas en Siria pero que ahora
compra personas capturadas por EI.
Después de reunir a Khatoon con su familia, Abdulá nos lleva a su modesta casa y nos presenta a su sobrina de 22 años, Marwa.
Igual que Khatoon, Marwa y 55 de sus familiares fueron capturados por combatientes de EI en Sinjar hace un año.
Dos meses más tarde, Marwa logró contactar a su tío y le dijo que estaba secuestrada en una casa en Raqqa.
“Le dije: ‘Ellos no entienden kurdo así que escucha atentamente. Si
puedes encontrar una forma de salir de esa casa, yo trataré de encontrar
a alguien que te traiga de regreso”, dice Abdulá.
Marwa logró escapar.
“Llamé a un taxi en la calle”, cuenta. “El conductor me preguntó a
dónde iba. Él estaba asustado porque si lo veían conmigo, EI nos mataría
a los dos”.
“Al final acordó llevarme a otra parte de la ciudad donde algunas buenas personas podían ayudarme”.
Al día siguiente, trató de llamar a su tío pero su carcelero de EI
descubrió dónde se estaba quedando. Exigió a la familia que la estaba
refugiando que la regresara o que la comprara por US$7.500.
El carcelero también llamó a su tío.
“Le dije: ‘Bueno, dame tiempo y te enviaré el dinero. Pero no toques a mi sobrina'”, dice Abdulá.
Encontes comenzó a llamar a sus viejos contactos en Siria y eventualmente aseguró la liberación de Marwa.
Poniendo un precio
Durante el año pasado, Abdulá ha logrado liberar a más de 3.000 mujeres yazidíes y sus hijas del cautiverio de EI.
Descubrió que cuesta entre US$6.000 y US$35.000 comprar a alguien de EI.
Para las niñas el precio es incluso más alto y ni siquiera los bebés están exentos.
“Una vez una familia tuvo que pagar US$9.400 por un bebé de 30 días”, dice Abdulá.
Para muchas familias encontrar esa cantidad de dinero es casi imposible.
Khatoon y sus hijas fueron liberadas después de que su suegro, Mardan, pagó US$35.000.
“Vendí todo lo que tenía”, le dice a la BBC. “Tuve que ir casa por
casa pidiendo dinero prestado. Ahora tengo que pagarlo todo, pero no
tengo ni un centavo y 17 miembros de mi familia están retenidos por EI”.
No todas las operaciones para comprar a personas cautivas son exitosas.
A principios de este año, Mardan juntó US$35.000 para asegurar la liberación de su otra nuera y sus dos hijas.
Sin embargo, el contrabandista kurdo que actuaba como intermediario
fue asesinado y los US$17.500 que se supondía iba a entregar a los
captores de EI se perdieron.
Ahora exigen que Mardan envíe otros US$10.000 si quiere volver a ver a su nuera y nietos.
“La única opción”
Abdulá sabe que sus actividades están llenando las arcas de EI. Pero
no ve otra forma de reunir a los yazidíes capturados con sus familias.
“Para EI las mujeres y las niñas no son más que bienes, y nuestra
única opción es comerciarlas como comerciarías bienes y productos a
través de la frontera”, explica.
La parte más difícil de estas operaciones, dice, es confirmar que los contactos del lado de EI son genuinos.
El año pasado, cuatro de los 23 contrabandistas que trabajaban con Abdulá fueron asesinados por EI.
“A veces nos llaman y nos dicen que vayamos a recoger a algunos
yazidíes”, dice. “Pero cuando enviamos a alguien a territorio de EI los
capturan y los matan”.
El gobierno iraquí y las autoridades kurdas de Irak establecieron una
oficina para coordinar los esfuerzos para asegurar el regreso de los
cautivos yazidíes.
Pero está claro que tienen dificultades para lograrlo.
“Todavía hay mucha gente capturada por EI y no tenemos dinero
suficiente para pagar a los contrabandistas para que ayuden a
liberarlos”, asegura Noori Osman Abdulrahman, coordinador de asuntos
yazidíes del gobierno regional del Kurdistán.
Para muchas familias, acudir a la ayuda de Abdulá es la única opción.
Pero sea cual sea el costo del rescate, tanto para los cautivos como
aquellos que los esperan de regreso el precio más alto es el del costo
emocional de su experiencia.
Marwa continua tratando de entender lo que le ocurrió.
“Cuando me siento mal, me dan ataques de pánico y no puedo respirar”,
dice. “Empiezo recordar lo que me ocurrió a mí y a las otras niñas”.
Y a pesar de los esfuerzos de Abdulá, hasta ahora ella es la única de su familia que ha logrado escapar.
Fuente: Cristianos al Dia

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