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7 de agosto de 2015
Todos sabemos que el temor produce ansiedad, y que tiene
consecuencias. Aquí tenemos algunas maneras de cómo el temor crea caos
en nuestra vida y afecta a quienes nos rodean.
El temor ahoga los pensamientos y las acciones. Crea
indecisión que resulta en paralización. He conocido a personas
talentosas que postergan las cosas indefinidamente para no arriesgarse
al fracaso. Las oportunidades perdidas causan erosión de la autoestima.
El temor puede ser un estorbo para los planes que Dios tiene para sus hijos.
Cuando somos dominados por las emociones negativas, no podemos lograr
los propósitos que Él tiene en mente para nosotros. La falta de
confianza en uno mismo obstaculiza la fe en lo que el Señor puede hacer
por medio de nosotros.
El temor puede llevar a hábitos destructivos. Para insensibilizar el dolor de la angustia y el desasosiego, algunos recurren a las drogas y al alcohol.
El temor roba la paz y el contentamiento. Cuando estamos siempre con temor, nuestra vida se centra en el pesimismo y la tristeza.
El temor crea dudas. Dios promete una vida
abundante, pero si nos rendimos a las cadenas del temor, lo más
probable es que no vivamos en la abundancia que Él ofrece.
Sin importar a lo que le tema, recuerde que Dios nunca le rechazará y
desea darle respuesta a todas sus necesidades. Él alimenta las aves
del cielo y viste la hierba con el esplendor de los lirios. ¿Cuánto
más, entonces, cuidará de los que hemos sido hechos a su imagen?
Nuestra única preocupación debe ser obedecer al Padre celestial, y
dejarle las consecuencias. (Encontacto.org)

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