EEUU.- Vin Baker es un ex jugador de baloncesto, que fue muy famoso a
finales de 1990. Jugó en varios equipos: Bucks, SuperSonics, Celtics,
Knicks, Rockets y los Clippers. Después de 13 años como jugador
profesional, cuando se retiró en 2006, contaba con más de 100 millones
de dólares en su cuenta.
Sin embargo, debido a su alcoholismo que además le costó su carrera
en la NBA, destruyó su vida y esto lo llevó a la bancarrota. Él hizo una
serie de malas inversiones y lamentablemente fue estafado por su
contador.
A los 43, él estaba literalmente, empezando su vida de nuevo. Pero él
es feliz. Él dice que él descubrió su verdadero yo, y un nuevo
significado para la vida porque “es gratificante. Lo creas o no, más
satisfactorio que tener un juego con el equipo de las estrellas”, dijo.
“Estoy feliz y me siento bendecido por estar en esta posición, con una
mente clara, un entendimiento claro de dónde vengo, por todo lo que
pasé, para poder compartir todo esto”.
Baker, que ya era multimillonario, participó en el equipo de las
estrellas de la NBA y ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de
Sídney en el año 2000.
Hoy en día es el gerente de una red de sucursales de café Starbucks.
Los fines de semana, ejerce el ministerio como pastor de jóvenes en
la iglesia dirigida por su padre. También da conferencias y asesora a
los jugadores más jóvenes sobre el riesgo de ser engañados por el éxito.
Los últimos años de su carrera él los vivió embriagado, eso perjudicó
su actuación en la cancha. También enfrentó fuertes críticas, que le
llevó a permanecer en profunda depresión.
“Cuando llegué a la parte más baja, estaba desesperado por encontrar
respuestas. Fue en ese momento que me volví a Jesús. Mucha gente cuando
llega al fondo no busca más respuestas. Seguí buscando y las encontré”,
dice Baker.
Él estuvo recientemente en la pretemporada de los Bucks, equipo en el
que se inició en la NBA. Él compartió un poco de su historia sobre la
fama y la fortuna. También contó cómo Jesús cambió su vida.
En 2008, ya en quiebra, tuvo que vender su mansión. Hoy vive en una
casa como muchos otros en la pequeña ciudad de Groton, Connecticut.
Además de sus premios como jugador que tiene colgados en la pared,
tiene un diplomado en teología por la Union Theological Seminary de
Nueva York. Casado y con cuatro hijos, Baker afirma que fue criado en la
iglesia, pero cuando empezó a ganar dinero, olvidó lo que había
aprendido toda la vida.
Sólo cuando perdió todo lo que tenía, se acordó que Dios siempre ofrece una segunda oportunidad.
Algunas veces predica desde el pulpito los domingos para decir:
“Cuando usted está protegido por la armadura de Dios, no importa la
cantidad de dinero que tengas o cuántas medallas de oro ganes en los
Juegos Olímpicos. No, esta armadura significa orar y la utilizas para
protegerte de los enemigos. Cuando usted tiene millones es fácil
olvidarse de Dios. Soy culpable. Me olvidé de ir a la iglesia por años.
Pero él me trajo de vuelta bajo su protección”.
Fuente: Noticia Cristiana

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