Leer | Efesios 2.1-3
7 de julio de 2015
Los seguidores de Cristo entienden la importancia de ser salvos, pero el mundo no ve ninguna necesidad de redención.
Quienes no tienen una relación personal con Dios por medio de su Hijo Jesucristo están:
Muertos espiritualmente. Muchas personas no
entienden que hay tres clases de muerte: física, eterna y espiritual.
La muerte eterna se producirá en el fin del mundo cuando todos los que
rechazaron a Cristo como Salvador sean separados de Dios para siempre (Mt. 25.41).
La muerte espiritual se produjo en el huerto del Edén. La
desobediencia cortó la relación estrecha que tenían Adán y Eva con
Dios, e hizo que sus descendientes estuviéramos separados
espiritualmente de Él (Ro 5.12). Todos nacemos como personas “muertas” que necesitan una vida nueva.
Viviendo una vida de pecado. Nuestra naturaleza es
rebelarnos contra Dios, y eso se llama pecado. Una y otra vez elegimos
lo que nos agrada, en vez de a Él. Nuestros esfuerzos por ser libres
del poder del pecado son vanos (Jn 8.34). Como esclavos del pecado, necesitamos que alguien nos libere.
Bajo la ira divina. Por nuestra desobediencia,
estamos bajo la condenación de Dios, aguardando el castigo. Todos los
esfuerzos por ganar su aprobación y escapar de nuestra sentencia son
insuficientes. Por eso, nuestra única esperanza de escapar es que
alguien más reciba nuestro castigo.
La buena noticia es que el Señor ha provisto una manera para que
todos pasemos de muerte espiritual a vida; de esclavitud de pecado a
libertad; y de condenación a intimidad con Él. Jesucristo es el único
camino, y Él suple todas nuestras necesidades (Jn 14.6). (encontacto.org)

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