1 Corintios 2.12-16 “Y
nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene
de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 13 lo
cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con
las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14 Pero
el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque
para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir
espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga
todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque
¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros
tenemos la mente de Cristo.”
La mejor vida que usted puede vivir es la
vida que su Creador diseñó para usted. El Señor nos ha dado a
los creyentes todo lo que necesitamos para ser más semejantes a Él, y para
alcanzar todo lo que ha previsto para nosotros. Puesto que la manera como
pensamos es de vital importancia, el Señor nos ha dado la mente de Cristo.
Ahora tenemos la capacidad de pensar como Él lo hace y de ver las situaciones
desde su perspectiva.
Esta maravillosa capacidad de ajustar nuestros
pensamientos a los de Él es un don que recibimos de Dios en el momento de
ser salvos. Sin embargo, la práctica de este don es nuestra
responsabilidad. Todos venimos a Cristo con una mente
“preprogramada” en cierto grado. Por ejemplo, un niño que crezca
oyendo comentarios degradantes, probablemente los incorporará a su concepto de
quién es él y de lo que puede lograr en la vida. También, el mundo intenta
constantemente de ajustarnos a su manera de ser y Satanás trata de inyectar sus
mentiras en nuestro pensamiento.
Si queremos experimentar la vida que el
Señor quiere que tengamos, tenemos que reemplazar con la verdad los viejos
pensamientos que no están de acuerdo con la Palabra de Dios.
Debemos, entonces, filtrar las ideas que nos bombardean cada día para que
nuestra vida sea transformada.
Compare sus actitudes, convicciones y
pensamientos con las enseñanzas bíblicas. Si no
coinciden, rechácelos, y en lugar de eso llene su mente con las verdades de la
Palabra. Puesto que el Señor nos ha facultado para pensar correctamente,
cultivemos la mente de Cristo en nosotros. (De Encontacto.org)

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