Lectura
bíblica en Efesios 4.31-32
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia,
y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a
vosotros en Cristo.”
Una de las
actitudes más destructivas —si no la más destructiva— que puede
exhibir un cristiano es el odio. ¿Cómo puede la luz salvadora de Jesucristo
brillar en una vida que esté cubierta por odio, ira y malevolencia? ¿Y qué
imagen de Cristo proyecta este tipo de persona al mundo incrédulo?
El odio es
una falla absoluta en la actitud cristiana que estamos llamados a
demostrar. Sin embargo, incluso en las iglesias, no es difícil encontrar
personas que rebosan de hostilidad. ¿De dónde viene esto? Una de las razones
clave para que los creyentes sean tan propensos al odio es su incapacidad de
perdonar a quienes los han herido —especialmente cuando ese trato fue
inmerecido.
Tomemos
un ligero “examen de odio”.
Piense en alguien que le hirió en el pasado, y considere si . . .
1. ¿No
puede librarse del recuerdo de alguien? Si
( ) No ( )
2. ¿Vuelve a repetirse la escena en su
mente una y otra vez?
Si
( ) No ( )
3. ¿No puede desearle bien a alguien en
particular? Si ( ) No ( )
4. ¿Desea realmente lo mejor para una
persona que le ha herido?
Si
( ) No ( )
5. ¿Desea que esa persona sufra lo mismo
que usted? Si ( ) No ( )
6. ¿Desea secretamente que esa persona
experimente el mismo dolor que usted? Si
( ) No ( )
Si
ha respondido con algún sí, estas preguntas te están revelando algún rencor
oculto en tu corazón. No termines este ligero examen sin volver a leer y meditar
en Efesios 4.31-32. Lea el pasaje en voz alta.
Personalícelo en una oración, y deja que el Espíritu Santo de Dios limpie tu
corazón de odio, dándole el poder para perdonar una vieja herida. (De
Encontacto.org)
Si no perdonáis a
los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas (Mateo
6:15)
Dios es bueno,
perdonador, y grande en misericordia para con todos los que le invocan (Salmos 86:5)
Dios te bendiga, y te ayude a
entender que perdonar hace falta en tu vida.

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