(Juan 14:26) "Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre
enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará
todo lo que yo os he dicho".
Tenemos que tener la confianza
suficiente para saber que Él en toda situación está presente. Es
hermoso que antes de morir el Señor, se acordara de hacernos saber que
no estaríamos solos, Él le pediría al Padre que nos enviara al gran
Consolador "Espíritu Santo" para que siempre nos acompañara, el Espíritu de verdad a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce”.
Cuando aceptamos al Señor Jesús en nuestra vida, vienen también a
morar, el Padre y el Espíritu Santo; y es el Espíritu Santo quien
siempre intercede por aquellos que han confesado a Jesús como su
Salvador personal. No estamos solos aunque la situación se torne cada
vez más difícil, el Señor Jesús nos ha dejado su Santo Espíritu para que
nos consuele y llene de Él; de otra manera, sería difícil llevar las
cargas cotidianas.
El fruto de la paz que nos da el Señor, es diferente a la del mundo, es una paz que sobrepasa la adversidad y que a la vez nos fortalece; por eso no debemos angustiarnos ni acobardarnos porque entonces, no tendríamos diferencia alguna con el resto de la gente. Lo que tenemos que hacer es buscarle y hablarle como nuestro amigo.
Jesús vino a ofrecer esa paz y consuelo a todos los que se acojan bajo su manto.
El fruto de la paz que nos da el Señor, es diferente a la del mundo, es una paz que sobrepasa la adversidad y que a la vez nos fortalece; por eso no debemos angustiarnos ni acobardarnos porque entonces, no tendríamos diferencia alguna con el resto de la gente. Lo que tenemos que hacer es buscarle y hablarle como nuestro amigo.
Jesús vino a ofrecer esa paz y consuelo a todos los que se acojan bajo su manto.

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