Lectura
en Hebreos 6.9-15 “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de
cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. 10 Porque
Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis
mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. 11 Pero
deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para
plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis
perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las
promesas. 13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no
pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14 diciendo:
De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15 Y
habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.”
Cuando
usted se acerca a un ascensor y ve que el botón de arriba está encendido, ¿lo
presiona? O cuando está en un supermercado, detenido en una fila que no se
mueve, ¿cómo reacciona? Nuestra paciencia, o la falta de ella, se revelan en
muchos aspectos de nuestra vida.
La
paciencia no es un atributo natural con la que algunos nacen. Ni tampoco es una
habilidad que podemos desarrollar, por nosotros mismos. Solo se adquiere con la
ayuda del Espíritu Santo.
La
naturaleza de la paciencia nos permite decir: Estoy dispuesto a dejar de lado la gratificación
inmediata para esperar que Dios se encargue de mi necesidad.
Entonces, somos capaces de experimentar una tranquilidad interior que solamente
puede venir de Él. Esto no significa que dejaremos de sentir presión o
estrés; a veces, la necesidad de esforzarnos insistentemente para lograr
nuestros objetivos puede parecer abrumadora, pero el Señor puede calmar nuestro
corazón.
Es
importante comprender que la paciencia no puede desarrollarse sin otros
atributos de la vida cristiana. Al pensar en la vida de David, podemos ver que
esto es cierto. Mientras esperaba ser nombrado rey por designio divino, tuvo
varias oportunidades para matar a Saúl, quien gobernaba en ese momento la
nación. Pero, al negarse a tomar ventaja de la situación, David demostró el
discernimiento, la sabiduría, el amor y la fe en el tiempo de Dios (1 Samuel 24.10, 11; 26.10, 11).
La
paciencia es una de las nueve cualidades mencionadas como fruto del Espíritu
Santo (Gálatas 5.22, 23).
Así que, para dar evidencias de esta importante virtud, debemos rendir nuestras
vidas a Él. (De Ministerios en Contacto)

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