Leer | Lucas 22.54-62 “Y
prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro
le seguía de lejos. Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se
sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. Pero una criada, al
verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él. Pero
él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. Un poco después, viéndole otro,
dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy. Como una hora
después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él,
porque es galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida,
mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a
Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que
el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró
amargamente”
El orgullo de Pedro era un obstáculo para los propósitos de
Dios. Cristo buscaba a un siervo-líder para que guiara a los creyentes una vez
que Él regresara al cielo. El antiguo pescador era un impulsivo sabelotodo,
pero el Señor vio su potencial a pesar de su arrogancia. Por eso, el gran
Artesano utilizó una filosa herramienta —la humillación— para quebrantarlo.
Cuando las palabras del Señor estuvieron en conflicto con la
opinión de Pedro, el discípulo reprendió temerariamente a Jesús. El Salvador
respondió con una virulenta reprimenda, tanto para silenciar como para enseñar
(Mateo 16.21-23; Juan 13.5-8).
Inclusive, Pedro incumplió su promesa de morir por el Señor
cuando lo negó tres veces antes de que el gallo cantara. Esta humillación
final, presenciada por un grupo de extraños, hizo trizas la seguridad que Pedro
tenía en sí mismo. Fue un hecho doloroso, pero necesario, ya que su orgullo
había distorsionado su visión de la misión de Cristo. Necesitaba entender que
Jesús no vino para ser el libertador de Israel de la opresión romana, sino para
salvar a la humanidad del poder y la pena del pecado. Gracias a que descubrió
esa humildad, Pedro estaba ahora listo para desempeñar el papel que Cristo
había escogido para él, como siervo-líder (1 Pedo 5.5, 6).
¿De qué manera está usted obstaculizando el trabajo de Dios
en su vida? Tenga en cuenta que Él está decidido a quebrantarle cuando sea
necesario para bien de usted mismo, y para la gloria de Él. El Señor restauró a
Pedro como un hombre más humilde, pero mucho más grande que antes. Él hace lo
mismo con todo creyente que se rinde a su voluntad. (Ministerios En Contacto)

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