2 Corintios 5.20, 21 “Así que, somos embajadores en nombre
de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de
Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado,
por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios
en él. “
La redención del hombre ha sido siempre lo más importante
para Dios. Pero, por causa de nuestro pecado, la justicia divina tenía que ser
satisfecha; es decir, el castigo por el pecado tenía que ser pagado. Además,
había que extender el perdón a toda persona culpable de haber pecado contra el
Señor. La solución era costosa: Para redimir a la humanidad, el Padre sacrificó
a su único Hijo, quien murió en nuestro lugar. Toda persona que cree en la obra
redentora de Jesucristo, ha recibido bendiciones incalculables. Ha sido
reconciliada con el Señor, hecha parte de su familia, y recibido la vida
eterna.
Dios ha dado a los creyentes la responsabilidad de anunciar
la buena noticia de salvación a todo el mundo, y de hacer discípulos a todas
las naciones (Mateo 28.19).
Cuando Él abre las puertas de servicio para nosotros, podemos atravesarlas con
confianza. Tenemos su Espíritu que mora en nosotros, para fortalecernos,
guiarnos y equiparnos. Seremos capaces de realizar nuestra tarea gracias a su
grandioso poder (Romanos 8.11; Efesios 3.16).
Por tanto, ¿por qué somos renuentes a hacer lo que Dios nos
pide? Muchas veces, porque nuestra perspectiva es miope: Tal vez no podemos
imaginar cómo añadir una tarea más a nuestra agenda, o permitimos que la
inseguridad por las críticas, el fracaso, o las finanzas, gobiernen nuestras
decisiones. Pero ninguna de estas cosas es un obstáculo para el Señor.
Dios está esperando que sus hijos acepten el supremo llamado
de servirle como embajadores de Jesucristo. ¿Cuál será tu
respuesta? (De Encontacto)

Comentarios
Publicar un comentario