Leer | Proverbios 3.5, 6
2 de octubre de 2014
Las personas asocian a menudo la palabra obedecer con la
crianza de los hijos. Pero el sometimiento a la voluntad de Dios es
importante en cada etapa de la madurez espiritual del creyente. A
medida que nuestra fe crece, la obediencia se convierte en la piedra
angular de nuestra comunión con nuestro Padre celestial.
Curiosamente, algunos creyentes descuidan su obediencia al Señor con
el paso de los años. Un creyente puede decirse a sí mismo que ha
aprendido a vivir rectamente y, por tanto, ya no necesita vivir
obedeciendo al Señor. En poco tiempo, se encontrará lejos del camino
que Dios quería, vagando por ahí con un montón de trapos sucios
creyendo que son buenas obras (Is 64.6).
La desobediencia le dice al Señor: “Yo sé mejor que tú cómo gobernar
mi vida”. Nada podría estar más lejos de la verdad. La Biblia y los
miembros de las iglesias están llenos de historias que demuestran que
la obediente sumisión a Dios es la única manera de tener gozo.
Nada bueno puede venir de rebelarse contra el Señor, y nada malo
puede venir de obedecerle. La obediencia es el camino a la sabiduría y
la bendición. Cuando sometemos nuestra voluntad a la de Dios, ponemos
nuestra esperanza y nuestra confianza en Aquel que nos creó y nos ama
incondicionalmente. Una vida bien vivida es aquella que tiene la mirada
enfocada en el Señor, los oídos abiertos a la apacible voz del
Espíritu Santo, y el corazón hambriento por la Palabra de Dios. Cuando
elegimos vivir de esa manera, podemos tener la garantía de que
recibiremos lo mejor de Dios. (encontacto.org)

Comentarios
Publicar un comentario