Salmos
118.1-4 “Alabad
a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2 Diga
ahora Israel, que para siempre es su misericordia. 3 Diga
ahora la casa de Aarón, que para siempre es su misericordia. 4 Digan
ahora los que temen a Jehová, que para siempre es su misericordia. “
El
mundo es malo, pero Dios es bueno, y aun los que no creen en Él experimentan su
bondad (aunque puedan atribuir su bienestar a la buena suerte o su dedicación
al trabajo). Pero nosotros, que seguimos a Cristo, sentimos a veces que los no
creyentes no merecen tener prosperidad o buena salud; particularmente si hemos
sido fieles, pero nos encontramos luchando con problemas. Sin embargo, no
importa cuán grande sea nuestro servicio a Dios, no somos más merecedores que
los demás.
Nuestro
Dios omnisciente toma muchas cosas en cuenta a la hora de decidir qué es
realmente bueno para alguien, y cómo bendecir mejor a esa persona. Basa su
decisión en lo que hay en el corazón de cada persona. Por ejemplo, un diezmo de
$10 puede parecer ser fácil de dar para una persona que gane solamente $100 a
la semana. Pero, unos años más tarde, la misma persona, ahora rica y exitosa,
puede creer que no puede permitirse dar $1.000, aunque esa cantidad represente
el mismo porcentaje de su sueldo.
A
veces, el Señor se abstiene de derramar su bendición porque sabe que lo bueno
en exceso puede hacernos daño, o puede ser selectivo en cuanto o lo que Él nos
concede, para que no seamos tentados a adorar el regalo, en vez del Dador.
En
realidad, a menos que seamos mayordomos sabios, el Señor puede quitarnos
ciertas bendiciones. Para ser bendecidos plenamente, debemos prestar atención a
lo que enseñan los salmistas: Dios bendice con abundancia a quienes andan en
santidad, se refugian en Él, y le obedecen (Salmos 84.11; 34.8, 9). (De
Encontacto.org)

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