Romanos
12:1-8 “Así
que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto
racional. 2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál
sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 3 Digo,
pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no
tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con
cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. 4 Porque
de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los
miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo
muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. 6 De
manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el
de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de
servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que
exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside,
con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.”
Aquí,
Pablo dice que algunas personas tienden a considerarse mejores de lo que son.
También es verdad que otras se sienten tentadas a menospreciarse. Por tanto,
¿qué debemos pensar en cuanto a nosotros?
Un
sentimiento piadoso de autoestima ofrece una valiosa solución aquí. Se
encuentra en el corazón de una vida serena, y ofrece el sólido punto intermedio
entre la zanja del autodesprecio, por un lado, y el precipicio de la
autoexaltación, por el otro. Este lugar de descanso en Jesús se origina
simplemente viéndonos como el Señor nos ve.
Cuando
usted nace de nuevo, Dios le ve como su hijo amado y dueño de una nueva
identidad. Ya que su vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3.3),
puede decir que está completo en Cristo. Y porque el Espíritu de Él habita en
usted, puede tener una vida recta.
No
obstante, conserva su naturaleza pecaminosa la cual todavía es capaz de
manifestarse. Es correcto, entonces, entristecerse por lo malo que haga, al
igual que regocijarse por sus progresos espirituales. Así es como lo ve Dios.
Tenga en cuenta, sin embargo, que el agrado o el desagrado del Señor por su
conducta, de ninguna manera alteran el amor que le tiene, ni tampoco su
identidad como posesión suya. El Señor siempre le ve como suyo, y como una
persona infinitamente valiosa.
Al
final, alcanzará la plena madurez espiritual en Cristo. Pero, mientras tanto,
nunca olvide que usted no es lo que hace. Usted es lo que es: Un hijo de Dios (Juan
1.12). (De
Ministerios en Contacto).
Lectura
antes de iniciar labores en Juan 14:1-14 “1. No se turbe vuestro corazón; creéis en
Dios, creed también en mí. 2. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así
no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3.
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo,
para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4. Y sabéis a dónde voy, y
sabéis el camino. 5. Le dijo Tomás:
Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6. Jesús
le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino
por mí. 7. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le
conocéis, y le habéis visto. 8. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y
nos basta. 9. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me
has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues,
dices tú: Muéstranos el Padre? 10. ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre
en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino
que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11. Creedme que yo soy en el Padre,
y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. 12. De cierto,
de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará
también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13. Y todo lo que
pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en
el Hijo. 14. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”

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