Versículo:
El Señor no rechaza al afligido, no desprecia a los que sufren, ni esconde de ellos su rostro; cuando a Él claman, les responde. (Salmos 22:24)
El Señor no rechaza al afligido, no desprecia a los que sufren, ni esconde de ellos su rostro; cuando a Él claman, les responde. (Salmos 22:24)
Una mujer joven se dirigía a casa con su bebé atado a la silla de
seguridad en la parte trasera del auto, cuando de repente un camión con
remolque descontrolado se estrelló contra la parte posterior del
automóvil, matando al niño en el impacto. El titular noticioso describía
la «historia local dolorosa de última hora».
Cuando nos enteramos de noticias tan trágicas como estas nos
horrorizamos. ¿Cómo puede ser posible que pasen cosas así? ¡Cuán
dolorosa puede ser la vida en algunos momentos!
Quizás el término dolorosa no parece lo suficiente fuerte. A veces
usamos esa misma palabra de manera inapropiada, empleándola para
describir cosas que ni siquiera se pueden comparar.
Para algunos doloroso puede ser significar un partido de fútbol o una
apuesta, no tener el teléfono más moderno o quizás no poder comprar lo
último de la moda. ¿Cómo podemos usar ese término para describir un
partido de fútbol, y después darnos la vuelta y aplicar la misma palabra
a la devastadora pérdida de un hijo?
Es posible que en tu historia existan capítulos cargados de verdadero
dolor. No encuentras palabras para describir la angustia que te
carcome.
Es doloroso que tu hijo se haya desviado de la fe. Es doloroso que
tus padres quieran divorciarse. Es doloroso que los médicos le hayan
diagnosticado a tu hijo una enfermedad terminal. A este tipo de
situaciones me refiero.
Situaciones de agonía, sufrimiento, ansiedad, angustia y
preocupación. Esos momentos en los cuales tu vida normal se ve abrumada.
Cuando concibes la idea que algo está fuera de tu control.
Si te encuentras afligido o sufriendo por algo que está mermando tus
fuerzas, el Señor promete no darte la espalda. El libro de los Salmos
dice que Él no rechaza ni desprecia a los que sufren, no esconde de
ellos su rostro. Es más, si claman a Él, Dios les responde.
Aquí es donde tu corazón debe llenarse de esperanza. Si estás
cruzando por un momento de dificultad abrumante, recuerda sostenerte del
Señor. Jamás Él esconderá su rostro de ti si lo buscas de todo corazón.
Por muy oscura que sea tu noche, siempre vuelve amanecer. ¡Que la paz de Dios te llene hoy!
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