Salmos 51.17 “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón
contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
Juan 12.24
nos da una hermosa ilustración del quebrantamiento: “Si el grano de trigo
no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho
fruto”. En otras palabras, solamente cayendo y rompiéndose puede un solo
grano producir una abundante cosecha. Si se mantiene aislado y protegido nunca
producirá nada.
Así es como trabaja el Señor, nos quebranta para producir
crecimiento espiritual y un ministerio asombroso en nuestras vidas. Y el
proceso es siempre el mismo:
1. Dios se fija como
objetivo las áreas en que no estamos sometidos a Él.
2. Él dispone las circunstancias y selecciona las herramientas con las cuales quebrar nuestra autosuficiencia.
3. Él controla la presión y el tiempo de esas circunstancias para traernos de vuelta a su voluntad.
2. Él dispone las circunstancias y selecciona las herramientas con las cuales quebrar nuestra autosuficiencia.
3. Él controla la presión y el tiempo de esas circunstancias para traernos de vuelta a su voluntad.
Pero, lamentablemente, siempre nos resistimos a ser
quebrantados. Queremos seguir el camino más fácil, y tener la esperanza de
que Dios bendecirá nuestra apatía.
Si nos negamos a ser transformados por medio del
quebrantamiento, y en vez de eso nos aferramos a las cosas que Dios quiere que
dejemos, Él nos pondrá a un lado. Al igual que un grano de trigo intacto, nos
mantendremos solos y sin fruto.
Hermano, ese no es el camino que lleva a la madurez. Nuestro
Padre celestial tiene un camino mejor.
El quebrantamiento
duele, pero más duele no ser quebrantado.
No se deje distraer por la felicidad breve. Mire
hacia dónde le está conduciendo su Padre celestial, y deje que Él haga lo que
sea necesario para llevarle hasta allí. (De Ministerios En Contacto).
Lectura antes de
iniciar labores: 1 Timoteo 6:10-15 “porque raíz de todos los males es el amor al dinero,
el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de
muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la
justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la
buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste
llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando
delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio
testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el
mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor
Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey
de reyes, y Señor de señores”

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