Mucha gente no sabe manejar sus sueños, sino que se frustra, no entendiendo por qué Dios le permite tenerlos.
Hay personas a las que no les gusta ser retadas y que su reacción ante
los retos no es aspirar a algo más grande, sino frustrarse y deprimirse.
Estas son personas que prefieren no exponerse a las cosas grandes de la
vida.
Debes relacionarte con personas en diferentes niveles: gente que
necesite de tu ayuda; gente con la que puedas compartir al mismo nivel; y
gente que te rete a una nueva dimensión.
Si no tienes esa relación, no eres retado.
Si no tienes esa relación, no eres retado.
No se trata de que te pongas presión por lo que otro tiene, pero lo que
otro tiene debe ser para ti motivación de que tú también puedes obtener
lo que Dios te ha prometido a ti.
Tiene que haber alguien que te rete. El problema es que no todo el mundo sabe manejar ese reto.
Tiene que haber alguien que te rete. El problema es que no todo el mundo sabe manejar ese reto.
Un juguete puede incentivar a un bebé a gatear hasta él. La meta del
bebé es el juguete, mientras que la meta del padre es que gatee. De la
misma manera, tu meta es alcanzar lo que has soñado, mientras que la
meta de Dios es que tú creas.
Tu meta es la casa, el viaje, el carro, mientras que la meta de Dios es
que salgas del lugar donde estás, te fortalezcas, y camines.
El padre no siente placer en que el bebé tenga el juguete, sino en que
gatee. Por eso le muestra el juguete al bebé, y deja lo que lo toque,
para entonces ponerlo a cierta distancia. No tan lejos que pierda el
interés en el juguete, pero tampoco tan cerca que no tenga que
esforzarse para alcanzarlo. Y esto es lo mismo que hace Dios.
Lo que pasa es que esa distancia que Dios quiere que recorramos es lo
que le causa depresión a la gente. Y luego le preguntan a Dios por qué
todavía no tienen lo que él les prometió.
A Dios no le importa qué marca de carro tú te compres, sino que el
proceso te lleve a creer. A Dios le importa que entiendas que el
transporte público es parte del proceso para provocarte, no a
frustrarte, no a deprimirte, sino a creerle a Dios por cosas más
grandes.

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