Números 13.25-14.10
El Señor dio a los israelitas el encargo de ir y conquistar la tierra
de Canaán. Ellos necesitaban un lugar en el cual pudieran crecer como
pueblo de Dios. Es por eso que esta región del mundo fue escogida con
este propósito.
Dirigido por Dios, Moisés envió doce hombres a espiar la tierra. ¡Qué
decepción debe haber sufrido al escuchar los comentarios negativos que
la mayoría de estos espías compartieron al volver! Solamente estaban
poniendo sus ojos en los obstáculos que habían visto. Sin embargo, Caleb
estaba seguro de que iban a vencerlos fácilmente (Nm 13.30), pues tenía
puesto sus ojos en las promesas de Dios, no en las dificultades. Basaba
su confianza en las palabras que el Señor había dicho a Abraham: “A tu
descendencia daré esta tierra” (Gn 12.7).
El resto del pueblo no pensaba igual. Todos esos relatos acerca de
gigantes y fortalezas los atemorizaron. Normalmente, obstáculos como
esos podían haber asustado a cualquiera, pero no al pueblo de Israel,
pues ellos servían a un Dios que les había probado lo que podía hacer.
Dios había divido al mar Rojo para que escaparan de Faraón, y los había
alimentado en el desierto.
Cuando nos enfocamos en los obstáculos, nuestra visión se
distorsiona. Los problemas se hacen tan grandes que nos impiden dar el
próximo paso de fe. Cuando Dios nos pide hacer algo, podemos estar
seguros de que también nos brindará su ayuda para vencer cualquier
dificultad que esté frente a nosotros. Si imitamos a los israelitas y
nos negamos a seguir adelante por el temor que sentimos, perderemos las
bendiciones que el Señor ha preparado para quienes hacen su voluntad.
Fuente: En Contacto

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